Aarón Morales Rodríguez- 27 años -fotógrafo autónomo y productor audiovisual.

Vivía en Guadalajara y me he estado moviendo por el sureste mexicano, una temporada estuve en Mérida y actualmente volví una temporada corta a Guadalajara para después irme al sureste indefinidamente y de ahí a donde apunte la chancla.

La bicicleta la empecé a usar como medio de trasporte, casi diario la uso a excepción cuando tengo trabajos pesados, pero me muevo en ella casi todo el tiempo. En las ciudades pequeñas es más fácil utilizarla porque es más sencillo a pesar de que no tengan tanta educación como en las ciudades grandes, ya hace más de un año y 4  meses que comencé a usarla, me gusta y la uso para moverme de un puno a otro de la ciudad.

El viaje fue una decisión entre un amigo y yo,  yo le había contado de los mochilazos que he hecho desde los 17 años y pues era la primera vez que me animaba a hacerlo en bicicleta, se nos ocurrió porque yo quería hacer el  viaje de mochilazo como siempre lo había hecho (pidiendo raid en las carreteras y viajando de una ciudad a otra) y como el también usa la bicicleta y él sabe que yo también la uso pues se nos ocurrió, me dijo -¿Por qué no nos vamos?, y   así  fue como concluimos que en lugar de estar en una cabina de auto o en una pickup atrás  con la incertidumbre de quienes son las personas que nos están dando raid, decidimos ir disfrutando de todo el paisaje y así todo el viaje sería un logro en sí, ya que cada pedalea cuesta en las subidas, en las curvas, el estar cuidando el uno del otro, eso también es muy padre, viajar acompañado es muy enriquecedor por las pláticas mientras estas pedaleando,  algunas conversaciones son emotivas, otras tristes, hablas de tus problemas o cosas que te están agobiando y lo vas liberando mientras vas pedaleando en el camino.

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Aarón izquierda, Andreas (su amigo de viaje) derecha. Foto cortesía de Aarón Morales.

En el viaje nos llevamos varias cosas: la casa de campaña, cada quien su sleeping bag y agua, cada uno llevaba tambos de 6 o 5 litros de agua para los viajes, cuando llegábamos a una ciudad los recargábamos para el siguiente punto, también llevábamos herramientas para cambios de bicicleta, botiquín de primeros auxilios por cualquier cosa y casco, porque si sufrimos varias caídas, no durante carretera, pero si cuando llegábamos a alguna ciudad por un tope que no veíamos ya que en algunos pueblos como topes tenían sogas que ya estaban cubiertas de arena o tierra no nos percatábamos y pues pasábamos y veías como se te iba la bici. También había caminos de arena que son difíciles de andar, nos estresábamos mucho, y mojada peor porque resbalaban las bicicletas, un poco más la de mi amigo (él se llama Andreas Herrera Krings, tiene 21 años y está estudiando artes visuales) ya que era de montaña, fuera de eso cada quien llevaba sus cambios de ropa, algunas latas de atún y comida variada, generalmente parábamos cuando el sol estaba en su punto entre 11 y 1 para que no nos diera insolación y así recuperar fuerzas.

Bicicleta de Aarón durante el viaje. Foto cortesía de Aarón Morales.
Bicicleta de Aarón durante el viaje. Foto cortesía de Aarón Morales.

Todo lo del viaje empezó una vez en mi casa, empezamos a hablar de problemas que nos preocupaban a los dos, yo tenía conflictos personales y sentía esa necesidad de volver viajar ( ya que viajo por lo menos una vez al año a algún lado porque eso me hace sentir mucho mejor, como que recargo batería), entonces hablando sobre los viajes que había hecho y que mi amigo necesitaba irse y escapar un rato surgió la idea del plan del viaje en bicicleta, empezamos a marcar la ruta y así de la nada emergió,  todavía no teníamos esa idea de que ya íbamos a hacer el viaje hasta que estábamos a las 4 de la mañana de aquel lunes 20 de julio que nos despertamos y nos “cayó el 20” de esa aventurilla loca.

Salimos de Mérida, la primera parada fue en Progreso una playa cerca de Mérida, de ahí a un puerto llamado Chicxulub, la tercer parada y donde nos quedamos la primer noche fue en Telchac y de ahí a San Crisanto, Santa Clara, Santa Elena y luego llegamos a Dzilam del Bravo en donde volvimos a quedarnos, de ahí bajamos a Dzilam Gonzales y ahí agarramos un camino raro alterno a Yaltzihom, después a un pueblo llamado Panabá, luego San Felipe, Río Lagartos, Las Coloradas y de ahí al Cuyo el cual fue el camino más difícil de todos porque era solo arena, nos agarró la lluvia, había mosquitos, estábamos a punto  de tirar las bicis ahí pero al final logramos llegar al Cuyo, ya de ahí tuvimos que rodear y nos fuimos a colonia Yucatán, Kantunilkin, Solferino, Chiquilá y de ahí a Holbox que fue donde nos quedamos, la idea del viaje era seguir todavía a Cancún, pasar por playa del Carmen, Coba, Tulum, y de Tulum bajaríamos a todo el sur hasta la laguna de Bacalar, Banco chinchorro y Mahahual, eso tres eran lo último a lo que íbamos a llegar para regresar a Mérida pero en Holbox salió una complicación familiar por la cual tuvimos que suspenderlo y regresar, pero sé que si en algún punto se puede terminaríamos el viaje que iniciamos.

Puerto en Telchac. Foto cortesía Aarón Morales.
Puerto en Telchac. Foto cortesía Aarón Morales.

A pesar de todo fue bastante padre, fueron dos semanas de pedaleada con sus dificultades y todo, incluso entre nosotros, pero al fin y al cabo esas cosas te acercan mucho más a una persona.

Lo mejor del viaje es la satisfacción que sientes de lograrlo tú mismo, quizá no sólo porque iba acompañado, pero al fin de cuentas tú lo lograste a pesar de los problemas que puedan surgir como que se poncho una llanta, que se te cayo la mochila porque la amarraste mal, que ya está muy pesado todo (porque cada uno llevaba como 15 kilos en la bici aparte de su propio peso) y pedalear subidas, curvas etc es bastante cansado; por eso cuando tienes un camino de bajadita agradeces, cuando vez una nube que te tapa el sol das gracias, cada detallito es satisfactorio.

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Playa en Las Coloradas. Foto cortesía Aarón Morales.

Otra cosa increíble es la gente que te encuentras, hay bastante gente buena en este mundo, pero lamentablemente en las ciudades grandes como estamos tan abstraídos en nosotros mismos, en los celulares y en otras cosas no nos ponemos a platicar con la gente que está alrededor, no es tan común de repente llegar con una persona, saludarla sin conocerla  y platicar, en cambio en las ciudades pequeñas es más común y en los pueblos ni se diga, te ofrecen hasta sus casas para dormir, aunque te digan loco les da gusto e incluso algunos dicen que se van a animar a hacer el viaje ya que les platicas las experiencias que has tenido, incluso te ayudan, te dan de comer y te hacen invitaciones.  También nos tocaron personas que se burlaban de nosotros cuando nos caíamos o veían que no desesperábamos se burlaban un poco, pero en general eran más personas buenas, eso es muy rico de conocer, te sacan una sonrisa, bromean, creo que eso es lo mejor del viaje, tener la oportunidad de conocer personas, lugares y experiencias.

Los obstáculos más difíciles son los mismos caminos que te cuestan subir y andar , el camino de arena fueron casi 40 kms de pura arena y fue fatal, yo solo aguante porque veía que mi compañero estaba a punto de dejar la bici y regresar, pero teníamos que seguir y uno de los dos tenía que ser el motivador, empecé a hablarle de experiencias mías y de él que me había platicado, decirle solamente que este era un escalón grande y había que seguirle con el viaje, eso era lo más difícil junto con nosotros mismos porque cada uno se pone sus propios límites, de decir ya no puedo, pero nos ayudábamos mutuamente, eso te acerca mucho a tu compañero de viaje; reíamos, bromeábamos, cantábamos, gritábamos, sacábamos muchísimas cosas y eso era muy motivador.

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Aarón y Andreas en una playa virgen rumbo al Cuyo. Foto cortesía Aarón Morales.

Me gustaría seguir haciendo estos viajes, aunque fue el primero uno va aprendiendo de los errores que le servirán para hacer el segundo, y claro que lo seguiré haciendo aquí en México y en otro países también, voy a llegar a los 50 años dándole a la bici, conociendo y viajando.

Esta experiencia es algo que se lo recomiendo a todos porque no solo es un buen ejercicio, sino una experiencia de viaje única, ya que he podido tener distintas clases de  viaje, desde los todo pagados con comodidades hasta de mochilero que te estas muriendo de hambre y de los viajes más ricos que he tenido fue esté en bicicleta, recorres las distancias que quieres y  con una buena compañía es muy padre, sin duda es algo que deberían de hacer todos, incluso de un pueblo a otro, hablar con las personas, conocer  a la gente que existe en este mundo, no encerrarte en tu casa o ciudad, conocer, viajar y aprender.

Puerto en Holbox. Foto cortesía Aarón Morales.
Puerto en Holbox. Foto cortesía Aarón Morales.

Ficha técnica bicicletas.

Andreas- Bici marca Benotto italiana de montaña, 21 velocidades.

Aarón- Bici marca Alubike híbrida, 18 velocidades.

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